JOSE MANUEL INFIESTA, ENTREVISTAS

 Con motivo del reciente fallecimiento de Jose Manuel Infiesta (Barcelona 1949), copio y pego unas entrevistas, una que está en la web del MEAM en el siguiente enlace: hombre-del-renacimiento-moderno-entrevista-a-jose-manuel-infiesta/ y la otra de Guille Altarriba en Diario el Prisma  en el enlace: diarioelprisma.es/jose-manuel-infiesta con el objetivo de agrupar en este blog textos, ideas y reflexiones que me parecen interesantes, seguramente la mayoría relacionadas con el arte, para que cuando quiera consultarlas estén todas en la misma página y sea mas fácil la lectura y búsqueda de éstas:


1 Entrevista MEAM

Resulta difícil resumir en una líneas la biografía selecta del catalán Jose Manuel Infiesta (Barcelona, 1949). Arquitecto consagrado, escritor de más de una docena de libros de naturaleza diversa (entre los que destacan, entre otros títulos, «Un siglo de escultura catalana», «Contra la moral del esclavo» y «Cuentos reales»), editor de libros y revistas (Gent Nostra, El Laberinto, Bel Canto, Montsalvat, etc.), coleccionista y mecenas artístico, presidente de la Fundació de les Arts i els Artistes, director del MEAM (Museu Europeu d’Art Modern). Ha puesto en marcha uno de los proyectos más innovadores y sugerentes en el mundo de las artes, no solo a nivel español y europeo, sino universal, colocando de nuevo a Cataluña en la vanguardia cultural. Asume así el principio vital de que “la suprema finalidad humana es la artística”, tal como Richard Wagner dejó escrito en «La obra de arte del futuro». A continuación, les presentamos el diálogo mantenido con Jose Manuel Infiesta, hombre del Renacimiento moderno.

En 1974 escribió en ‘La Génesis del Arte’ que «Si la preocupación diaria del ciudadano se reduce exclusivamente a la ganancia de más dinero, a un progreso en la comodidad de su existencia y a la mayor posesión de riquezas, lujos e intereses… el papel a desempeñar por el arte se verá reducido a la nada». ¿Qué ha cambiado desde entonces?

«La Génesis del Arte» es un libro de filosofía de arte escrito por un adolescente de poco más de 20 años en el breve espacio de 15 días, en un aburrido verano. Hay que entender esto para juzgar su contenido con cierta benevolencia.

Respecto a la pregunta, estas cosas no cambian en decenios: cada vez más, la sociedad en la que vivimos se vuelca en el beneficio personal, en la competencia entre individualidades y en obstaculizar el camino del otro. Y así la sociedad se hace insoportable. La única medicina que conozco contra eso se llama Educación, y consiste en educar a los ciudadanos, desde niños, en otros parámetros, no egoístas, entre los cuales la Cultura y el Arte deberían jugar papeles protagonistas. No hay otro camino para quienes pretendemos que la sociedad busque el encanto del Humanismo y rechace la fórmula de la competitividad desenfrenada. Sin Arte, sin Cultura, la sociedad se convierte en una jauría de lobos aullando todos en tonalidades diferentes.

Hablemos de política. ¿Qué papel considera que ocupa lo cultural en la política actual y cuál es el principio activo que debería desempeñar?

Lo cultural, simplemente no existe en la política actual. Los gobiernos se limitan a aprobar presupuestos en los que la cultura absorbe entre el 2 y el 3% del total, con lo que vemos la importancia que adquiere, en medio de una guerra de cifras sobre miles de millones en Sanidad, dependencia, jubilaciones, etc. Lo cultural no existe en la política, en consecuencia ésta se convierte en jungla.

Sin una educación refinada, la vida social será siempre el enfrentamiento de unos individuos contra otros, de unos grupos políticos contra otros, de unas clases contra otras, de unos intereses contra otros. Porque solo la Cultura hace libres, libres y generosos.

En su último libro «Escrito en el Aire» (2019), afirma que «La democracia es el sistema político más hipócrita y corrupto». ¿Cómo se refleja esto en las manifestaciones artísticas que emanan de esta forma de gobierno?

La democracia es el triunfo del interés económico, del capital, sobre el individuo. Las votaciones son la mascarada que organizan las élites económicas para hacer creer al ciudadano que él es alguien importante y quien determina quién manda en el país. Pero la verdad es que esa decisión del ciudadano, que se cree ingenuamente libre, está previamente mediatizada por todos los medios de comunicación que invariablemente dependen de los lobbies, que son sus propietarios. Sería caer en la ingenuidad pensar que los dueños de los medios no iban a ejercer su poder para conservar y fortalecer su poder en una sociedad de consumo.

«En vez de cheques, se pueden meter pinturas en las cajas fuertes de los bancos. Así es como hasta el propio arte hace el juego a las élites económicas».

Las manifestaciones artísticas son una herramienta más en poder de esos lobbies que, ya desde hace más de un siglo, han ejercido decididamente su poder para marcar los derroteros del arte moderno. El auge y difusión de la abstracción en el arte no podría explicarse, históricamente hablando, sin tener en cuenta la injerencia de negociantes y marchantes en el mundo del arte, convirtiendo éste en un mercado en el que la demanda ha creado una oferta a su gusto. Hace ya mucho tiempo de los Kahnweiler, los Stein y del desembarco de magnates americanos en el París de los años veinte, pero eso marcó el rumbo a seguir a todo un siglo para el que la rentabilidad sustituyó descaradamente a la calidad en el mundo del arte.

En un momento histórico determinado los poderes y las élites apuestan de manera decidida por lo abstracto frente a lo figurativo, ¿por qué y con qué objetivos?

Creo que la división entre lo abstracto y figurativo empieza a estar desfasada. Lo abstracto ya no interesa a nadie o a casi nadie, y solo se mantiene artificialmente porque un derrumbe de las cotizaciones generaría elevados prejuicios a inversores que verían ‘nockeado’ su negocio.

Pero lo verdaderamente importante es lo que ha quedado de toda la aventura en el siglo XX. Antes se hablaba de Arte, ahora ya solo se habla de ‘Mercado del arte’. Ya no interesa la obra de arte, sino la rentabilidad de ésta. La gente no compra ya una pintura porque le gusta, sino consultando las expectativas de beneficio que la compraventa generará. En vez de cheques, se pueden meter pinturas en las cajas fuertes de los bancos. Así es como hasta el propio arte hace el juego a las élites económicas, aceptando su discurso y prostituyéndose, empeñado solo en demostrar que también él es una operación rentable.

El MEAM es, junto al Hoki Museum de Japón, el único museo en el mundo dedicado exclusivamente al arte figurativo. ¿Acaso el MEAM busca revertir lo señalado en la anterior pregunta? En caso de respuesta afirmativa, David frente a Goliat?

Insisto en que lo importante no es que el MEAM apoye el arte figurativo frente al abstracto. Eso son simplificaciones para que el gran público entienda algo. Pero la verdad es que lo que me importa no es que el arte sea figurativo o no lo sea, sino que sea Arte o no lo sea, que sea sincero o no lo sea, que crezca al margen de los intereses del poder o no crezca, que sea producto de la sensibilidad de un artista o de una planificación de un negociante. El MEAM pretende encontrar y potenciar a los artistas de hoy en día, los que crean ahora, sin influencias, sin intereses, atendiendo solo a su propia inspiración.

Respecto a lo de pretender revertir nada, me muestro sumamente pesimista. Sé que el poder mundial no es una frase bonita, sino una realidad asfixiante. El MEAM no pretende siquiera llegar a ser un David, es mucho menos que un David frente a un Goliat, mucho más poderoso que el del mito.

Cuál es el espacio cultural que le gustaría que ocupara el MEAM en el futuro a medio y largo plazo.

El MEAM está ocupando el espacio que se ha ganado, ni más ni menos, y no puede pretender mucho más. Ante la indiferencia de los medios, ante la ignorancia de los poderes públicos, en medio del desierto de una sociedad absolutamente materializada en la que solo cuentan estadísticas y resultados, el MEAM no pretende sino aglutinar a los artistas que viven y trabajan en el siglo XXI; la labor del MEAM es darlos a conocer, ponerlos en contacto, alimentar su autoestima, dar valor a su obra, y demostrar que otro Arte sería posible, el que naciera solo del artista creando en libertad, sin condicionantes negociables.

Cualquier actividad del MEAM, e intentamos que sean muchas, va solo dirigida a poner en valor la labor individual del artista trabajando en la soledad de su taller. El MEAM es el canto a la libertad del individuo, a la creación del artista, a la búsqueda de la obra bien hecha.

Se acaban de fallar los premios del 10º concurso internacional de pintura y escultura Figurativas 2019. En este nuevo arte figurativo, ¿hay materias preferentes por parte de los artistas? ¿Se advierten cambios frente a las temáticas antecedentes?

El concurso de pintura y escultura Figurativas fue una de las primeras iniciativas que tuvo la Fundació de les Arts i els Artistes, creada en 2005 precisamente para apoyar a los artistas dispersos por todo el mundo. Evidentemente la temática humana es recurrente en el arte. Tras más de veinte siglos, el ser humano sigue pintándose y describiéndose a sí mismo, y nunca se cansará de ello. Él es el centro del universo y en consecuencia, el centro del arte. Los temas no cambian: cambian las actitudes, cambian los posicionamientos ante la sociedad.

Pero no cabe duda de que hay formas distintas de explicarse: los americanos del ARC Salon marcan un camino más tradicional, más ‘clásico’ a los artistas actuales. Nosotros pretendemos generar un camino mucho más actual, menos respetuoso, más agresivo e incluso más ofensivo en el arte, usando el lenguaje propio de nuestros tiempos.

«Tras más de veinte siglos, el ser humano sigue pintándose y describiéndose a sí mismo y nunca se cansará de ello».

Tendemos a referirnos siempre a artistas figurativos del pasado, pero el MEAM ha demostrado que existen también artistas vivos extraordinarios y muchos de ellos muy jóvenes. ¿Esto tiene que ver con la relación que se ha establecido entre lo figurativo como corriente ‘fenecida’ y lo abstracto como permanentemente ‘viva’?

El gran sofisma que los filisteos del arte habían difundido en el siglo pasado es que lo que había muerto era el oficio, y que por eso recuperar la creatividad artística, concebida en un sentido tradicional, era imposible. La gran victoria de nuestra fundación, la gran bofetada que supone el MEAM para los filisteos de la cultura, es haber demostrado que el oficio no ha muerto, sino que se manifiesta con más fuerza que nunca, que cada vez hay más y más artistas empeñados en demostrar su calidad técnica y su culto a la obra más que trabajada. Ayuda no poco a ello la creación de academias que enseñan el oficio de la pintura y de la escultura en todo el mundo. Empezó hace más de 25 años la «Florence Academy of Art», magníficamente gestionada por Daniel Graves. Pero ahora el ejemplo ha cundido en todo el mundo, y buena muestra de ello es nuestra academia, «Barcelona Academy of Art», que conoce un éxito de alumnos jóvenes que se apuntan en todas las materias, siendo el ochenta por ciento de fuera de España.

El Arte no morirá nunca, es la expresión de la humanidad. El problema, la cuestión no es cuándo morirá el arte, sino quién conseguirá más eficazmente manipularlo y usarlo como arma de su propio poder.

«La prepotencia del poder político sobre la cultura no depende de colores, y es siempre asfixiante e indiscutible».

Usted es un amplio conocedor de la escultura catalana del siglo XX y participó activamente en la recuperación del monumento al Dr. Robert en Barcelona tras la llegada de la democracia. ¿Qué opinión le merece cuando se retiran del espacio público obras artísticas por cuestiones puramente ideológicas y no estéticas? ¿Existen alternativas?

Sí, gestioné como buenamente pude la recuperación del Monumento al Dr. Robert, que el franquismo consideraba como elemento catalanista disgregador y que en Cataluña representaba la recuperación de nuestras propia tradición y nuestra cultura. La prepotencia del poder político sobre la cultura no depende de colores, y es siempre asfixiante e indiscutible. Las democracias critican a las dictaduras por ello, porque adoptan esa actitud de forma descarada. Pero las democracias son más hábiles todavía en imponer sus cánones sin respeto alguno por la individualidad, y no lo hacen con decretos-leyes, sino ahogando económicamente al mundo cultural que no les interesa. Es fácil: basta con administrar las subvenciones y dirigirlas a los sectores a los que el poder protege.

No hay más alternativa que la cultura: una sociedad gobernada, no por una mayoría de ignorantes, manipulados por los poderes económicos; sino dirigida por las élites culturales e intelectuales, empeñadas en el respeto de la cultura propia y del arte de todos los siglos. Podrá considerarse esto una utopía; en todo caso, es mi utopía, y en ella creo, aunque no la vea.

«Fui amigo de Arno Breker, difusor de su obra escultórica y admirador sobre todo de su capacidad personal y sus valores humanos».

En los años ochenta del pasado siglo entrevistó al escultor Arno Breker. En cualquier facultad de Bellas Artes o de Historia del Arte posiblemente sea un artista desconocido, ‘maldito’ afirmarán otros, incluso por el profesorado. ¿Qué aporta Breker al Arte?

Fui amigo de Arno Breker, difusor de su obra escultórica y admirador sobre todo de su capacidad personal y sus valores humanos. A pesar de la feroz represión que sufrió en la posguerra, simplemente por desarrollar honradamente su labor artística, fue capaz de sobrevivir con una serie de bustos de personajes ilustres en la Alemania de entonces, que le consagró como artista internacional. Hoy en día, la represión sigue. Una exposición de la obras de Arno Breker sería todo un faro, una guía, para los nuevos escultores de nuestro siglo, siempre faltos de referentes en los que inspirarse. Breker, como Thorak, fueron víctimas de la situación política del momento; y la sociedad les castigó con la destrucción sistemática de sus talleres y con el ostracismo por su osadía en querer expresarse con libertad.

Jose Manuel Infiesta junto al escultor polaco Grzegorz Gwiazda.

«Una exposición de la obras de Arno Breker sería todo un faro, una guía, para los nuevos escultores de nuestro siglo».

Tras su larga experiencia editorial en revistas culturales como ‘El Martillo’, ‘Montsalvat’ y otras, ¿qué valoración hace del mundo editorial? ¿Recomendaría la ‘aventura’?

Cuando yo editaba las revistas que menciona, no había alternativa al papel. Pero eso ha cambiado: el mundo editorial está en plena crisis por el éxito de las nuevas tecnologías. Cada vez es más caro y menos leído todo lo que sea comunicación en papel. A través de las Redes Sociales, el MEAM llega a todo el mundo y mantiene contactos y relaciones con artistas de 80 países. Eso, a través del papel, sería tan caro que no podría ni siquiera plantearse.

Aparte del medio escogido, el papel o la comunicación virtual, no tiene sentido meterse en el mundo editorial más que si uno tiene algo que decir, algo que aportar. Lo definitivo no es cómo se dice, sino qué se dice. La independencia es lo único decisivo. Lamentablemente, conozco muy pocas iniciativas que pretendan ser realmente independientes y que puedan serlo, que sepan serlo.

Resuma, en no más de cinco palabras, o unas cuántas más:

Belleza: un concepto que resume el ideal del ser humano.

ARCO: La tomadura de pelo del arte contemporáneo.

Arquitectura: Mi pasión profesional.

Fachadismo: Aparentar lo que uno no es.

Europa: Mi patria, mi suelo, mi pasión.

¿El Arte del siglo XXI será figurativo o no será?

No me gustan las afirmaciones rimbombantes que tampoco indican nada en el fondo. Lo que sí que creo es que el Arte del siglo XXI recuperará su independencia y su humanismo, si quiere ser arte genuino; o se mantendrá como manipulación artística, si sigue aceptando el control de los intereses económicos de la élite gobernante. La figuración no es lo decisivo, la sinceridad del ser humano para describirse a sí mismo, sí.

Por último, ¿cuáles considera que son los retos de futuro para el Arte en Europa?

Ahí es nada: los retos del Arte en Europa son los retos de la propia cultura europea, los retos de la sociedad europea. Reescribirse, redescubrirse, volver a reencontrarse consigo misma. Recuperar el orgullo de lo que es Cultura europea, sentirse herederos de una pasado increíble e inacabable, rendir culto a nuestro propio lenguaje y rechazar las injerencias que vienen del otro lado del océano. La Cultura europea es tan sugestiva que no puedo ponerle límites; no solo son las artes plásticas, es también la arquitectura, y el pensamiento, y la filosofía, y la música… Creo sinceramente que mi vida no tendría sentido sin esa herencia que vivo y disfruto todos y cada uno de los días de mi vida.

«Los retos del Arte en Europa son los retos de la propia cultura europea, los retos de la sociedad europea».


2 Entrevista por Guille Altarriba en  Diario El Prisma:

Tal vez no os suene el Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM), pero es una de las propuestas artísticas más interesantes de Barcelona ahora mismo por su planteamiento rompedor. Hace unos días nos abrieron las puertas en exclusiva del museo a Diario El Prisma y recorriendo las salas aparecieron unas cuantas preguntas que después le hicimos al director de este museo.

Si leísteis la otra entrevista que hicimos en el diario sobre arte, ahora encontraréis una visión totalmente distina. ¿Cuál de las dos posturas es mejor para entender el arte contemporáneo? Eso lo dejamos a vuestro juicio, lectores. De momento, hablamos con José Manuel Infiesta, director del MEAM.


El MEAM no sois un museo corriente. ¿De qué va?

El MEAM lo que pretende es un planteamiento filosófico. Este consiste en que el arte del siglo XX se ha caracterizado por la destrucción de la forma, por elevar la abstracción y la experimentación a algo sagrado, así como por la destrucción de los valores tradicionales. Pero ahora con el final del siglo vemos que el ciclo se da por satisfecho, la destrucción de la forma ya no da para más.

¿No queda ya camino por recorrer en esta dirección?

Cuando ya has destruido la forma, ya no hay más camino: está destruida y punto. Entonces la vida continúa, el siglo XXI sucede al XX y creemos que el arte se encuentra en una situación de esterilidad absoluta. Se está ahora en una situación poco menos que dictatorial en la que los poderes públicos mantienen este status quo de destrucción de la forma, de promoción de artistas absolutamente experimentales, de negación de las grandes generaciones de artistas jóvenes que hay que están buscando un retorno a los cánones clásicos, o a lo que ha sido siempre el arte: la figuración. En posturas más o menos revolucionarias, pero es ver que la destrucción del pasado no lleva a ninguna parte.

En este punto, me ha soprendido que muchos de los cuadros que tenéis aquí en el MEAM son revisiones de temas antiguos.

Sorprende mucho cuando hablas con estos artistas –que muchos tienen veinticinco años-, porque parecía que tenían que ser gente mentalmente muy joven y en cambio sus grandes maestros son Rembrandt o Velázquez. Son artistas que valoran lo que era la pintura de verdad y dicen “chico, es que no se ha vuelto a pintar como pintaban estos maestros”. Hay que reconocer lo que vale y crear a partir de ahí un arte nuevo, un lenguaje nuestro. Es decir, no hay que copiar a los grandes maestros, pero lo que no se puede hacer es negarlos. Es una postura absurda.

Al final, Tristan Tzara quería destruir los museos, pero Tristan Tzara está muerto y los museos están más visitados que nunca. Es una irrealidad, es una fantasía del siglo XX que se sigue manteniendo pero en la que el gran público ya no cree. El arte contemporáneo se está encerrando en sí mismo y adoptando una postura de represión. Es decir, tú no puedes ir a ARCO y llevar cualquiera de los cuadros que hay en el MEAM porque no te dejan, está prohibido. El jurado de ARCO no te acepta que tú lleves esta obra ahí. Todo esto es un montaje que se va aguantando pero que poco a poco se va resquebrajando. Si algo hemos descubierto nosotros es que la generación de artistas jóvenes es brutal. Se ha dicho que asistimos al final de un oficio, al final de la pintura… Y como has podido ver en las salas del museo, esto es mentira, hay cantidad de gente que pinta extraordinariamente. Precisamente en el último concurso de arte figurativo que organizamos desde la Fundación, Antonio López –que era miembro del jurado- dijo que “aquí hay unos 30 cuadros que podrían estar expuestos con toda dignidad en cualquier museo del mundo”, y eso no había pasado nunca hasta ahora: que artistas jóvenes pudieran volver a estar a la altura de los grandes clásicos. Son los pioneros en recuperar esa noción del Arte con mayúscula.


«Memento Mori»

¿El arte contemporáneo tiene algún valor entonces?

Bueno, eso depende del valor que le dé cada uno… Para mí no tiene ningún valor. Aunque hemos de matizar eso de “arte contemporáneo”: hoy en día aún se considera a Picasso o Miró arte contemporáneo y han pasado ya más de cien años… Para mí esa ruptura de la forma queda ya como un hecho histórico que no da más de sí. Es decir, para mí un váter puesto en la sala de exposiciones como hizo Duchamp no tiene ningún valor. O más bien tiene valor artístico el hecho rompedor de colocar un váter en la sala de exposiciones, pero una vez acabada la exposición, esa pieza no deja de ser un váter corriente. ¿Por qué ha de seguir costando una millonada si ya no tiene ese sentido artístico? El que le quiera dar valor, se lo da, y el que no, pues no. Es una cosa totalmente subjetiva. Un cuadro tiene valor de por sí, un váter, no.

¿Lo que le da valor al arte es la técnica entonces?

No, lo que le da valor al arte es el efecto subjetivo del que le quiera dar valor. Hay muchas fundaciones de grandes entidades que en los 70 y 80 compraron grandes construcciones como un montón de arena con unas sillas y una pala, o unas cajas… Eran construcciones que valían medio millón de euros o un millón, que estaban en la Bienal de Venecia y estas ferias… Hoy en día estas entidades tienen estas construcciones en un almacén contabilizadas por un millón, o medio millón… Pero lo que hay allí es un montón de arena, unas sillas y una pala. ¿Realmente qué es lo que vale un montón de arena con sillas y pala, si lo quisieran vender? Pues valdrá diez euros, pero en sus libros de contabilidad consta quinientos mil. ¿Vale quinientos mil o vale diez? Para mí es evidentemente y descaradamente un montaje, una gran manipulación del arte que ha servido para que una gran clase financiera y una gran clase poderosa se hiciese millonaria manipulando el arte contemporáneo.

¿Pero es arte o no es arte?

Yo no soy quién para decir si esto es arte o no es arte: yo sé que a mí una obra de ese tipo no me dice nada. Lo que digo es que hay un agravio comparativo entre, por ejemplo, un cuadro de Jackson Pollock –que vale fortunas- y alguno de los que tenemos por aquí en el museo, que valen poquísimo y que para mí tienen una carga artística brutal. Se está pagando un nombre, no una obra de arte. Se está pagando una firma. Un cuadro de Jackson Pollock si en vez de hacerlo él lo hiciese Jacobo Alcalde valdría 3000 euros, y el cuadro sería el mismo. Un cuadro de Jacobo Alcalde vale 5000 euros y para mí es extraordinariamente mejor que cualquiera de Pollock. Aún así, yo no soy quien para decir si lo de Pollock es arte o no es arte, pero lo que sí que puedo decir es que no vale lo que cuesta. Pero esto son juicios apriorísticos, en el momento en el que yo quisiese imponer mi criterio cometería el mismo error que han cometido ellos: imponer una dictadura formal en el arte y decir qué vale y qué no vale. Es terrible pero es lo que han hecho: un Henry Moore vale cien mil veces más que un Despío o un Burdel, y estos eran escultores extraordinarios del siglo XX. ¿Quién decide esto? Evidentemente, no es el gran público, porque al gran público le sigue gustando más un Despío, un Burdel o un Rodin que no un Henry Moore.


«Bye Bye Rodin»

Ahora que habla de Rodin, visitando el museo he visto la escultura “Bye Bye Rodin” y no acabo de entender su título…

El autor es un escultor andaluz de 27 años -un gran escultor- y ha desarrollado su obra influido por Rodin. Tiene quince o veinte piezas extraordinarias influenciadas por Rodin, y ha llegado a un punto en que él se da cuenta de que no puede seguir por este camino y esta es la última obra que hace. De ahí el título: “Bye Bye Rodin”, porque quiere iniciar un camino nuevo, pero él no sabe cuál será. Lo que sí que sabe es que no puede seguir imitando a Rodin, tiene que hacer su propia andadura.

Esta es en realidad la filosofía del MEAM, ¿cierto?

Exactamente. Es todo un ejemplo de cómo un chaval de 27 años que es muy bueno –que no se cotiza, por supuesto, pero que para mí es extraordinario- está empezando a hacer su propio camino. Lo que es brutal es que al mundo del arte oficial esto no le interese para nada. En este sentido, la reacción del público es muy significativa. Cuando la gente sale del MEAM se queda asombrada. La gran pregunta siempre es “¿Y de dónde sale todo esto? ¿Y por qué no lo hemos visto en otras partes?” Y eso es un hecho real, ¿por qué a la gente esto le encanta, por qué no lo hemos visto en otras partes y por qué esto no puede estar en otras partes? Si son artistas de Madrid, de Sevilla… ¿Por qué no pueden estar en museos de Madrid o en Sevilla?

¿Este es el único museo de este tipo en España?

En España y te diría que también en Europa. Porque todo lo que es arte contemporáneo se identifica con lo que es experimentación, como en el MACBA -el Museu d’Art Contemporani de Barcelona-. El MACBA para mí es una gran caja vacía. El hall de ese museo es el doble de grande que todo el MEAM y no hay ni una sola obra de arte… Es decir, con la mitad de su hall nosotros hacíamos un museo y ellos hacen una caja de aire. Ellos tienen un presupuesto de un millón de euros al mes para poder sobrevivir, nosotros tenemos entre treinta mil, cuarenta mil euros al mes y nuestra actividad es mayor que la del MACBA. Las comparaciones son terribles, porque además nosotros no tenemos ningún apoyo, ninguna ayuda ni ninguna subvención. Para mí, es la dictadura de la forma.

¿Y le queda futuro a esta dictadura de la forma?

Hombre, yo espero que no. Si creyese lo contrario, sería mi desesperación. La prueba es que no hay público: si tú vas a la Fundación Tàpies, por las mañanas verás a dos o tres colegios que van, y si vas a horas que no haya colegios, estarás solo en ese lugar. El público no va. Ahora, el día que haya que hacer una gran ceremonia, habrá allí un cuadro de Tàpies; el día que el gobierno catalán se reúna, estará presidido por un cuadro de Tàpies; el día que se nombre hijo ilustre a un gran artista del país, estará el señor Tàpies… pero el día que haya que hablar de lo que a la gente, al público, le gusta, no estará Tàpies.

En este sentido, podemos hablar de una desconexión entre el arte oficial y la percepción del público…

Totalmente. Desde mi punto de vista, hay una gran desconexión entre los intereses creados por los poderes políticos y los poderes financieros y la realidad del gusto de la gente. Pero esto no solo pasa en artes plásticas, en música ha pasado también.


«Hombre pájaro»

Entonces, la pregunta que surge es ¿por qué? ¿por qué se sigue manteniendo esto en contra del gusto del público?

Bueno, habrá que ver el valor de la obra que hay, el valor del montaje que se ha hecho cuánto vale, habrá que ver las grandes fortunas que se han hecho con estas obras… Supongo que hay que conservar un status quo, y no solo a nivel español, sino mundial. EEUU es el gran centro del mundo de estas obras. También, por contra, EEUU es el gran centro de la renovación a nivel artístico, de la vuelta a la figuración.

Es lo que sería Don Eddy, ¿no? La exposición temporal que tienen ahora mismo en el MEAM.

Exacto. Don Eddy es uno, pero también está Lisa Harper o cantidad de artistas americanos que están teniendo un éxito brutal. Don Eddy pertenece a la generación de los hiperrealistas americanos, la de los años 70 u 80 que hoy en día son un clásico. Fueron como una reacción a la situación de caos del arte y fue una cosa divertida, bonita, simpática… Fue querer convertir la fotografía en arte, y es que en ese momento la fotografía no se consideraba como tal. Fueron unos de los que lograron eso, y lo hicieron no a través de la fotografía en sí, sino utilizándola para crear la obra de arte. De esa generación quedaron unos cánones que han servido para el arte de finales del siglo XX, para el hiperrealismo con pintura y utilizando métodos que entonces eran nuevos, como los aerógrafos.

Pero cuando vemos un cuadro hiperrealista que es indistinguible de una foto, ¿qué sentido tiene? ¿No sería lo mismo ampliar la fotografía e imprimirla?

De hecho, a mí el término “hiperrealista” no me gusta: mi museo no es de “arte realista”, mi museo es de “arte figurativo”. Dentro de la figuración, sí que es cierto que hay una parte que es -un poco como reacción a la abstracción- que consiste en una exageración de la figuración hasta términos fotográficos. Yo creo que es una reacción humana, natural, es como decir “¿Nos han obligado a destruir la forma? Pues vamos a demostrar que se puede pintar la figura mejor de lo que se ha pintado nunca”. La fotografía, en este sentido, es un medio para llegar a este extremo. Obviamente, si el cuadro pintado es igual que la foto, ¿para qué quieres el cuadro?, pero estos artistas buscan superar la fotografía, no imitarla. Se busca que el resultado sea menos frío que una foto, que sea más expresivo, más brillante…

Paseando por el MEAM, he visto algunos cuadros que me han llamado la atención. Por ejemplo, en este sentido que apuntas, hay uno que se llama “La crisis” bastante interesante…

Este cuadro es de Mikel Olazábal, un pintor muy subyugado justamente por toda la mística española de la conquista y todo eso. Pero fíjate que ese cuadro -que representa a unos conquistadores españoles del siglo XVI- se llama “La crisis”. ¿Qué quiere decir con eso? Él te está explicando que “crisis” era aquello, no lo que tenemos ahora. Ahora nos quejamos de que hay crisis y tienes un coche, y gasolina, y comiendo pollo a l’ast, y yendo al cine o a bailar con tu novia. No, la crisis era estar con una armadura en medio de la selva sin nada que comer, sin nada de qué vivir, avanzando durante siete años… Aquello era crisis. Entonces la propia pintura te está planteando un problema filosófico, que es que te estás quejando, porque somos unos mierda en comparación con aquellos hombres. Aquellos hombres, aunque su crisis era mayor, tenían unos ideales: estaban conquistando el mundo. La pintura, con el propio título te lleva a toda esta serie de divagaciones.


«La Crisis»

Ahora que hablas de ideales, sí que me he dado cuenta mientras pasaba por las salas de que no hay nada de arte sacro…

Sí, aunque aquí hay una cierta influencia de mi ideología personal, ya que al fin y al cabo soy quién ha hecho el museo. A mí el tema sacro, el tema religioso, simplemente no me interesa, lo considero superado. Otro te podrá decir lo contrario, pero yo creo que el mundo moderno ha superado el concepto religioso. Aunque yo creo que el arte en sí ya es un tema sacro. Al hombre contemporáneo yo creo que se la ha quedado pequeña la religión, pero el que tiene sensibilidad, el que tiene un concepto de la ética, sustituye la religión por el arte. Ya dijo Wagner que el arte puede ser la religión de los nuevos tiempos. El arte del MEAM puede llegar a ser sacro, aunque no sea religioso, ni católico, porque hay artistas aquí que están dando la vida por unos ideales, y esto me parece igual de sacro que el que da su vida por unos dogmas. El concepto de ética creo que está muy presente en nuestro museo y en el comportamiento de nuestros artistas, porque a ellos les sería más fácil hacer otro tipo de arte, el arte oficial, en el que serían maestros.

Su trabajo va en este sentido…

Sí, mira, hacemos un concurso de arte figurativo que ya va por su 7a edición en el que más del 60% de los participantes no son españoles. Esto significa que estamos creando una gran corriente internacional. Es un proyecto muy potente: tenemos una fundación, hemos abierto un museo, hay un concurso internacional, el año pasado abrimos una academia: la Barcelona Academy of Arts, que es la primera vez en España que una academia enseña pintura y dibujo con los cánones del siglo XVIII, con los modelos y las formas de trabajar de esa época, y que está vinculada a las otras cuatro únicas academias de este tipo que hay en todo el mundo: Florencia, Nueva York, Toronto y Los Ángeles. Tenemos otros proyectos en marcha de abrirnos a exposiciones itinerantes en museos europeos.

Sin embargo, toda esta corriente de arte formalista del que se quejaba surgió en su inicio como reacción al arte de las academias. ¿Abrir una academia es como una contrarreacción a la reacción?

A ver, yo personalmente soy muy antiacadémico, considero que el arte no ha de ser académico, pero eso no quiere decir que no haya que saber la técnica. Es decir, antiguamente un escultor tenía su taller con aprendices que trabajaban allí y aprendían el oficio. Eso era la academia: aprender el oficio. Cuando ya lo dominaban, se independizaban y montaban su propio taller. Ser enemigo de la Academia en tanto que enemigo de la rigidez, del formalismo, no significa que no hayas de aprender el oficio. El gran error del siglo XX es que ha querido destruir la técnica y el oficio. Lo que es un error es pretender pintar sin saber pintar: eso es una petulancia y una arrogancia increíbles. Aunque el concepto de academia no me interesa, es necesario. Sin eso, no hay arte.

Por tanto, como conclusión, ¿qué diría?

Que hay falsos revolucionarios que niegan la academia, pero lo que están demostrando es que son unos ignorantes: los verdaderos revolucionarios han respetado el pasado. Han respetado a los grandes hombres del pasado, han respetado la estética y la ética. Y sobre esa base, han sabido volar. Han sabido construir, no destruir; construir desde una base. Si no tienes base, eres una barca en el océano que no sabe adónde va.

 

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